Vuelo nocturno.
En el camino de la oscuridad nocturna,
vuela el murciélago.
No choca, no sucumbe,
sobrevive su vuelo.
Sus alas juguetonas se mueven al ritmo y el compás
de esas notas lejanas de un violín,
su sonido es chirriante y a veces amargo,
pero siempre melancólico.
Y la sangre, roja perpetuamente,
destinada a correr, a salir desde lo profundo del ser humano,
mortal y caduco.
Ahora, calla el violín,
mas el murciélago sigue su vuelo.
domingo, 13 de enero de 2008
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